Advierten que la dolarización dejaría a la Argentina en una situación incluso más frágil

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La medida dejaría a la Argentina a merced de las devaluaciones de Brasil. Qué dicen los economistas.

El economista y profesor de Columbia, Guillermo Calvo, reeditó el debate sobre la dolarización de la economía argentina cuando afirmó en una reciente entrevista a La Nación que “la dolarización es algo que hay que pensar seriamente más adelante”, como una forma de resolver de una buena vez las cíclicas crisis de confianza sobre el peso argentino, que sufre hoy la política económica de Macri.

La propuesta no es nueva. La convertibilidad de Domingo Cavallo implicó una dolarización casi de facto que supuso el período más largo de estabilidad monetaria. Sin ir más lejos, fue el ex presidente del Banco Central, Pedro Pou, quien propuso terminar de dolarizar la economía con el apoyo de sus colegas del Centro de Estudios Macroeconómicos de Argentina (CEMA), Roque Fernández y Carlos Rodríguez. Su propuesta implicaba reducir la entidad que presidía en ese entonces Pou a una Superintenencia de Entidades Financieras y renunciar así a la política monetaria y también a la política cambiaria.

La ventaja que estos economistas esgrimían puede expresarse con la analogía del automóvil: si la política económica fuera un auto y la política monetaria, su volante, desde mediados de siglo XX que cada vez que los argentinos tomaron el volante, chocaron el auto; y, por ende, mejor es que maneje otro. La permanente monetarización del excedente del gasto del fisco eleva el ritmo de emisión monetaria y por eso la moneda nacional perdió 13 ceros y cambió 5 veces de signo monetario.

De hecho, fue Larry Kudlow, director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, quien afirmó en una entrevista a Fox News que tal vez la solución para “el dilema de los argentinos” es volver a “atar el peso al dólar” como en los años ‘90 y “no emitir un solo peso más sin un dólar de respaldo”. A su vez aseguró que el Tesoro de EE.UU. sabe que esa es la solución “y está trabajando en eso”.

Fuentes oficiales lo desmintieron luego de una oleada de críticas a esta propuesta de volver a atar la suerte de la política monetaria nacional a las decisiones de la Reserva Federal.

El economista y director de la consultora FyE, Hernán Hirsch, resumió para LPO el corazón de las críticas: “Me parece que la iniciativa es negativa. Una dolarización le restaría flexibilidad a un país que es extremadamente volátil y no creo que garantice una política fiscal más confiable porque no tenemos nada que nos garantice un manejo prudente de las cuentas públicas y encima estaríamos atados de manos por el lado monetario y cambiario. Además, ahora es impracticable dado que no alcanzan los dólares que tenemos”.

LPO le pidió al director de la carrera de Economía de Universidad de Belgrano, Andrés Di Pelino, su visión académica respecto de la factibilidad de abandonar el peso y adoptar el dólar. “Así como están las cosas, no es recomendable ni factible abandonar el peso, solo podría hacerse con un acuerdo político amplio que cambie la Carta Orgánica del Banco Central, pero también tienen que darse ciertas condiciones económicas que hoy no tenemos”.

La discusión teórica se reaviva porque el peso viene fallando en una de sus tres requisitos para llamarse “moneda”, es decir, ser una unidad de medida, medio de pago y reserva de valor. Una fuerte devaluación como la que comenzó con la corrida cambiaria en abril volvió a poner en evidencia que el peso no preserva su capacidad de compra.

“En la medida en que no se cumpla una de esas funciones, estamos en presencia de una cuasimoneda, como lo es hoy el peso para la teoría; y si dejara de cumplir la función de unidad de medida, a causa de, por ejemplo, una acelerada inflación que haga que los precios de cada vez más cosas se empiecen a fijar en dólares, ya estaríamos hablando de que el mercado se dolarizó de prepo. Eso es otra cosa”, agregó Di Pelino.

Di Pelino agregó que “si desde el Estado se hacen tan mal las cosas, que no es el caso, podríamos llegar a ese escenario en el que se desconfigura el sistema de precios de la economía. Me parece que vale la pena subrayar que no están dadas -todavía- las condiciones para que la Argentina se inmole y vaya hacia una dolarización de prepo como tampoco veo condiciones de apoyo político para ir a una dolarización ordenada como la de Ecuador”.

Desde la teoría, un esquema de dolarización ordenado requiere dos condiciones de base: Primero, que haya superávit comercial que garantice el ingreso de divisas para atender las deudas y, segundo, que haya superávit fiscal para tener la tranquilidad de que no se vaya a monetizar el déficit, que es lo que habitualmente hizo Argentina. No hace falta decir que estamos lejos de ese escenario.

“Claramente no hay hoy superávits gemelos. Además se necesitaría de un acuerdo con la Reserva Federal para que suministre los dólares. Porque incluso si se bancarizara el 100% de las cuentas -esto solo requeriría un cambio de signo monetario en las cuentas-, siempre es necesario un mínimo de circulante y alguien lo tiene que emitir”, agregó Di Pelino.

“Resta aclarar que para que un cambio de moneda funcione, habría que hacer un cambio automático y simultáneo de todos los precios arrancando desde un tipo de cambio recontra alto -por decir algo, con un dólar a $100- y luego cruzar los dedos para que los agentes no busquen converger los precios locales con los internacionales y nos inflacionemos fronteras adentro, porque ya no habría instrumento de política cambiaria para evitar la pérdida de competividad. Seguir con inercia inflacionaria una vez dolarizados, volvería a la economía frágil en términos reales, porque con dólares y precios que no reflejen la verdadera competitividad, por ejemplo, frente a Brasil haría que nos puedan inundar de productos, que nosotros vacacionemos afuera, al menos por un corto plazo, golpeando la actividad doméstica”, explicó Di Pelino.

Por su parte, Ramiro Castineira de Econométrica, también cuestionó la idea: “Al margen de ser un ‘deja vu’ horrible, la discusión por la dolarización es anacrónica. Además, el origen del problema es la monetarización del déficit fiscal. Si no se ajusta el fisco y se dolariza, vamos directo a un recesión con desempleo de hasta dos dígitos. Esto lo vimos al final de los años ‘90. Herramientas monetarias para un problema fiscal, no cuajan”, destacó.

Es que la falta de timón sobre la política cambiaria haría imposible corregir vía devaluación la inflación en dólares. Cuando esto sucede, el ajuste es deflacionario y en general recesivo. La situación sería idéntica si fuera Brasil u otro socio comercial el que devaluara, porque ya no habría un mecanismo para evitar el salto del tipo de cambio real multilateral. Similar sería también la situación si hubiera un cambio exterior ya no en las condiciones para el comercio, sino de flujos financieros como se observa en esta corrida cambiaria que viene afectando en distinto grado a todas las economías emergentes.

En este sentido se manifestó también el diputado y ex gobernador, Felipe Solá: “La dolarización nos deja sin soberanía monetaria ni grados de libertad para actuar en situaciones de crisis internacionales, como las que enfrentó Grecia”. “Esto nos ata a un sistema de precios relativos y competitividad de una economía con indicadores macroeconómicos diferentes y nuestro país necesita tener su moneda para resguardarse de las decisiones de otros”, dijo.

“No hay experiencia histórica de una des-dolarización. Estos esquemas parecen ser un camino sin retorno. Economías como la de Portugal, Italia y Grecia, que atravesaron fuertes crisis y aun hoy sienten los efectos, no pudieron volver a sus monedas”, concluyó Di Pelino.

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