Las claves del éxito de López Obrador en México

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La campaña del líder izquierdista tiene lecciones para otros países

La campaña de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y su partido, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), tiene lecciones para otros países. Y no solo en América Latina. El resultado ha sido espectacular: el 53% % del electorado eligió a AMLO, -más de 33 millones de votos-, un récord histórico para un candidato presidencial; y eso en tiempos de extrema desconfianza y hartazgo con la clase política.

Cuál es el secreto del éxito de AMLO

Primero: Un discurso épico, que promete realizar una gran transformación social en un país hastiado tras dos décadas de estancamiento salarial, violencia atroz y corrupción endémica . AMLO anunció una revolución pacífica que sería tan trascendental como la independencia (1821), la Guerra de la Reforma (1858-61) y la Revolución (1910). Los políticos del consenso ortodoxo le acusan de populismo y mesianismo. Pero el discurso tecnócrata sin narrativa histórica ya está anticuado y anacrónico.

Dos: Obrador es un personaje que no cumple con los requisitos del marketing corporativo y siempre ha hablado sin pelos en la lengua. Tiene credibilidad por su edad, 63 años, y su persistencia (es la tercera vez que se presenta a las elecciones presidenciales). Ironizaba de que se había tenido que contener para evitar enfrentamientos en una campaña que el calificó con ironía como de “paz y amor”. Pero después de 40 años en el escenario político, todos saben que AMLO no es un conformista. Esta imagen de un hombre enfrentado al sistema que se vea forzado a contenerse sintoniza perfectamente con la sensación del ciudadano de a pie. Tiene sentido de humor y su comentario, aparentemente espontáneo, en un debate de televisión, sobre Ricky Riquin, el canallin en referencia al candidato Ricardo Anaya resultó devastador. En los debates se negó a moverse por el escenario al estilo de un ted talk de un consejero delegado de una empresa de tecnología. Su incomodidad en el formato televisivo le acercó más al electorado popular.

Tres: La campaña utilizaba elementos modernos de marketing a la vez que rechazaba la terminología y la simbología de la vieja izquierda. Los acrónimos AMLO y Morena -éste especialmente apropiado cuando se tiene en cuenta el color de la piel la mayoría de los mexicanos- transmiten una identidad moderna y segura de si misma. El mismo AMLO no es un miembro de la élite blanca de ciudad de México o Monterrey. Procede de Tabasco, donde se formó culturalmente trabajando junto con Carlos Pellicer, el poeta jesuita, con los indígenas chontal. El trabajo de comunicación en redes sociales se compaginó con una campaña al viejo estilo en el que López Obrador celebraba mitin tras mitin en los pueblos más remotos.

Pero lo más interesante es que AMLO eligió temas de debate que normalmente se traducen en votos a la derecha.

Cuatro: la lucha contra a inseguridad y la violencia que cobró 25.000 vidas en el 2017. Frente a rivales que propusieron más mano dura contra el crimen con más medidas policiales y militares, López Obrador respondió con argumentos socio económicos. “Sin crecimiento, no hay empleo, sin empleo hay pobreza, y la pobreza crea la violencia”, dijo en un debate televisado. Además, propuso una amnistía para los campesinos pobres y jóvenes desempleados que se han incorporado al narcotráfico. Fue una propuesta muy arriesgada. Pero le ayudó el fracaso de la militarización contra la delincuencia organizada en la administración de Felipe Calderón (2006-2012) que provocó miles de muertes y la fragmentación de la delincuencia. En México la mayoría sabe que mano dura sin políticas para combatir la pobreza y la desigualdad no funciona.

Cinco: ha convertido la austeridad en una virtud de la izquierda al proponer fuertes recortes a los altos funcionarios. Hizo fuertes críticas al despilfarro del gobierno en faraónicas proyectos de infraestructura que han beneficiado a constructoras multinacionales. Así mismo atacó la hipocresía de la clase política que recorta el gasto social y mantiene sus propios salarios. “Vamos a recortar los salarios y las pensiones de los altos funcionarios”, dijo en el mismo debate, recordando que los ex presidentes mexicanos cobran las pensiones más generosas del mundo (unos 9.000 euros al mes). Es una medida de austeridad simbólica que no tendrá un impacto fiscal significativo. Pero los símbolos son importantes en la política. “¿Qué es lo primero que debería hacer AMLO?”, le pregunté ayer a Rocio Rosas, limpiadora de la periferia marginada de ciudad de México que cobraba 2.000 pesos (unos 90 euros) la quincena. “¡Quitarles la pensiones a los expresidentes que no hicieron nada por el país!”, respondió.

Seis: hizo suya la cuestión de la corrupción, materia de debate que suele dar ventaja a los conservadores en la política latinoamericana. AMLO planteó que las medidas de privatización en infraestructura y energía, lejos de resolver el problema de sobornos y desvíos millonarios de dinero público, los han agravado generando despilfarro y corrupción. No es un asunto solo de interés mexicano. Las Asociaciones Privadas Publicas (Public-private partnerships) que usó Enrique Peña Nieto para financiar obras públicas, según explica un informe de la Secretaria de Hacienda mexicana, “fueron iniciadas en el Reino Unido a principios de los noventa que se han ido extendiendo con éxito a otros países” (entre ellos, España).

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