Macri quiere el presupuesto en octubre, pero el peronismo no descarta sumar cambios

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Dujovne lo presenta el lunes y el jueves expone en Comisión. “Casi todo el ajuste es nuestro”, se resignó Frigerio.

El Gobierno confía en sancionar el presupuesto en un mes, pese a que los gobernadores no quisieron firmar un documento en el que se comprometieran a aprobarlo y que los bloques opositores más amigables no están entusiasmados en ser los socios del ajuste.

Rogelio Frigerio ya había pedido “un trámite express” a sus jefes legislativos, pero con los gobernadores prefirió hablar de números y no de plazos. Este miércoles mostró optimismo ante los legisladores macristas.

“El mayor ajuste lo hará la Nación al no actualizar por la inflación las partidas. Los gobernadores no pierden tanto como para comprarse un problema”, afirmó, confirmando el anticipo de LPO sobre el congelamiento del gasto y la apuesta a licuarlo vía devaluación.

La hoja de ruta ya está diseñada: el lunes Dujovne presentará el presupuesto a las 12.30 en Diputados; y el jueves asistirá a la Comisión de Presupuesto, presidida por Luciano Laspina. Lo esperaban para el martes, pero tenía problemas de agenda.

La Comisión volverá a reunirse la semana siguiente con más funcionarios invitados y Cambiemos buscará dictaminar en esos días o a más tardar el martes 2 de octubre, llevar el presupuesto al recinto al otro día, aprobarlo, y esperar que el Senado no se demore más de dos semanas para convertirlo en ley.

Su apuesta son los votos de Argentina Federal, los bloques identificados con los gobernadores, donde no hay ánimo de archivar el presupuesto pero tampoco de cumplir órdenes sin chistar.

Expectantes, en algunas reuniones ya encontraron una excusa para una eventual rebelión: los gobernadores no se expresaron por unanimidad, como hicieron con la reforma previsional sancionada en diciembre con el Congreso sitiado por las manifestaciones.

“Esa vez el Gobierno pagó el costo de la ley, pero ahora nos operan en los medios como socios de un ajuste y eso puede complicar las cosas”, sostuvo ante LPO un senador del Justicialismo, cuyo jefe provincial estuvo el martes con Macri, pero todavía no lo llamó.

“Ni siquiera nos están aconsejando qué hacer. Vamos a esperar a ver el proyecto”, advirtió. La hipótesis, lineal, de legisladores con obediencia debida a los mandatarios provinciales puede ser un arma de doble filo, porque al sentirse ninguneados muchos pueden tensar la cuerda o aprovechar a resolver sus internas.

“¿Qué es esto de que se negocian las leyes fuera del Congreso?”, protestó el martes la senadora misionera Magdalena Solari Quintana, durante el debate por la eliminación del fondo sojero. Su gobernador, Hugo Passalacqua, es una de las esperanzas del Gobierno para sumar votos.

Para calmar a los senadores, Dujovne enviaría a esa Cámara el proyecto de ley para habilitarlos a sumir impuestos internos e incumplir el pacto fiscal y hasta podrían sumar una partida extra para subsanar a los municipios por las pérdidas del fondo sojero, en el presupuesto o en otra ley. Son temas en estudio.

Como explicó LPO, Miguel Pichetto debió contener una rebelión en su bloque, porque varios de sus pares exigen tener posiciones claras contra la política económica.

Los más fastidiosos responden a la línea dura de gobernadores (Gildo Insfrán, Caros Verna y Juan Manzur), Macri puede alcanzar a la mayoría en ambas Cámaras sin ellos, pero tal vez no en los tiempos que sueña.

Surgió otro problema: hay legisladores de bloques “dialoguistas” que no gobiernan sus provincias y temen sacrificar su futuro electoral si quedan pegados al acuerdo con el FMI.

Un ejemplo es el senador jujeño Guillermo Snopek, que salió de la mesa chica de Pichetto por temor a quedar tildado de cómplice por el kirchnerismo y perder terreno con su rival local, el gobernador Gerardo Morales.

Casos así hay muchos y en la Casa Rosada no parecen contemplarlos, aunque poco se puede hacer cuando lo que está en juego son expectativas electorales.

La urgencia de Macri puede abrir otra opción: aprobar el presupuesto con muchos cambios, pero en los tiempos que anhela. “Se rechazan nuevas planillas de obras y las cifras no se tocan nunca”, son los límites en el oficialismo. Cualquier otra pretensión puede ser bien recibida, con tal de acelerar los trámites.

Noviembre es un mes peligroso para el Gobierno: calculan que la recesión se sentirá como nunca antes y la presión de los movimientos sociales por más ayuda social subirá de tono. Piden la emergencia alimentaria, Carolina Stanley por ahora dice que no, pero a fin de año hará lo necesario para garantizar la paz social. Si es posible, con el presupuesto sancionado.

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