Un presidente de todos los colombianos

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Iván Duque se convirtió ayer en el segundo presidente más joven en la historia del país, sólo detrás de Eustorgio Salgar, quien con 39 años ocupó la Presidencia entre 1870 y 1872. El nuevo mandatario, quien ha sido protagonista de una carrera política meteórica, se enfrenta a un país dividido, plagado de temores y con muchísimos retos. Deberá demostrar su capacidad para liderar la reconciliación y gobernar alejado de los extremos y con total transparencia.

La victoria de Duque, quien como miembro del Centro Democrático propuso una férrea oposición a la administración de Juan Manuel Santos, fue contundente. Con más de la mitad de los votos posibles, y con un crecimiento considerable en comparación con los sufragios que obtuvo en la primera vuelta, el nuevo mandatario demostró su capacidad para capturar los deseos de muchos colombianos. Eso, unido al apoyo que logró construir con diversos partidos políticos que seguramente le darán mayoría en el Congreso, es una invitación a que su gobierno sea ambicioso en el avance de las reformas que considera necesarias.

Sin embargo, en ningún momento debería cometer el error de sentirse bajo un mandato absoluto. Como se predijo, las cifras históricas para la izquierda colombiana que obtuvo Gustavo Petro no pueden ignorarse; millones y millones de colombianos no se han sentido representados por la coalición construida por el nuevo mandatario y no se sienten parte de su proyecto de país.

El presidente Duque, bajo ese panorama, deberá trabajar para serlo de todos los colombianos y no particularmente de quienes estuvieron de su lado. Ha terminado una campaña dura, que abrió heridas que es necesario sanar entre todos con vistas al propósito común de tener un mejor país. Por eso, así como esperamos del nuevo presidente la grandeza para incluir a ese otro país que aunque derrotado existe, a quienes se le opusieron de manera cruda en esta campaña también les hacemos el llamado de ejercer su oposición y controles ciudadanos de manera positiva y no con ánimo obstruccionista.

Gustavo Petro, en particular, ha hecho historia en esta elección, eso es innegable. Se convirtió, de lejos, en el candidato de izquierda con más votos en la historia del país y por primera vez esta corriente ideológica llega a una segunda vuelta. No sólo es un triunfo de la tan necesitada diversidad política en Colombia, sino un mandato para que, desde el Congreso si acepta ir a él, Petro lidere esa oposición productiva.

Otro éxito silencioso, pero contundente de la jornada de ayer, fue el de la paz: no hubo denuncias de alteraciones en el orden público y los colombianos pudieron votar tranquilos. No podemos olvidar cómo eran las campañas en años pasados. Las armas fueron derrotadas, y ese mensaje también debe llegar al nuevo presidente frente a los “ajustes” que ha prometido al acuerdo que lo hizo posible.

Deseamos que la presidencia de Duque sea provechosa para Colombia; todos debemos desearlo. Que en cuatro años la institucionalidad esté fortalecida y haya podido superar los escándalos de los últimos años. Desde nuestra orilla seguiremos haciendo el periodismo crítico e independiente que le haga veeduría al Gobierno y le aporte a la democracia. Todos vamos en el mismo barco llamado Colombia. Eso jamás debemos olvidarlo, por muy diferente que pensemos.

 

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