Se extiende el caos sindical en Brasil y ya se pone en riesgo la recuperación económica

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Al paro de camioneros se suma el anuncio de los petroleros de ir al paro el miércoles.

“Brasil está parado”, así comenzó la Confederação Nacional da Indústria (CNI) su exhorto de este lunes a los camioneros a liberar las rutas. Es que la parálisis está llegando a un punto crítico y el desabastecimiento de alimentos e insumos clave amenaza el crecimiento de la economía, advirtió la gremial industrial brasileña.

En Buzios están sin agua, en San Pablo las estaciones de servicio no tienen nafta en los surtidores, faltan garrafas de gas para el suministro de servicios básicos, y son miles las toneladas de alimentos que no están llegando a sus puntos de venta por el lock out camionero que sostiene casi 600 cortes de ruta en todo el país y que se concentran en el sur industrial del país.

“Brasil está parado. Necesitamos volver a la normalidad. El movimiento de los camioneros fue atendido en sus demandas. Es hora de dejar trabajar a quienes quieren trabajar. Es necesario, de inmediato, desbloquear las vías de transporte y proteger a quienes quieren volver a transitar”, pidió la CNI en respuesta a las pérdidas millonarias para la industria y la ganadería que causó el paro que ya lleva una semana

Es que como, expresa en su comunicado la gremial industrial, “no se trata solo de la distribución de combustibles”, faltan productos químicos para el tratamiento del agua para consumo humano, se sacrificaron 100 millones de aves por falta de ración y se tiraron 300 millones de litros de leche, peligran las comunicaciones porque los equipos generadores que alimentas las telecomunicaciones se alimentan con gasoil, y la parálisis del transporte público comienza a extenderse por todo el país por la falta de combustible.

La crisis alcanza a los hospitales, que no cuentan con insumos básicos como oxígeno, a las escuelas que están sin gas, pese a que la principal distribuidora haya salido a advertir que tiene gas en sus puntos de dispendio, pero no le llegan las garrafas vacías para su llenado.

“Millones de brasileños no consiguen trabajar. Ya tenemos 13,7 millones de desempleados y ese número ha de empeorar. El retorno al crecimiento económico, que ya venía lento, puede demorarse mucho más”, advirtió la CNI. En efecto, el relevamiento de expectativas que realiza cada viernes el Banco Central do Brasil, marcó en una semana una caída de las proyecciones privadas de crecimiento del 2,5% al 2,37% anual. Y las tensiones empeoran.

Temer, de acuerdo a los sondeos previos a la huelga de camioneros que comenzó el pasado lunes 21 de mayo, tenía una popularidad del 2%. E incluso tras haber bajado el precio del biodiesel 6% -por quince días- el pasado jueves, la huelga recrudeció por considerarlo “un chiste” de parte del Gobierno y ayer domingo el equipo de Temer amplió la baja al 12%, lo que regirá por 60 días a partir del 7 de junio.

Con esta propuesta, los precios se retrotraen a los valores de mediados de abril. Es que durante mayo los precios subieron 8,4% y desde julio de 2017 acumulan un alza del 50%. De hecho, la baja del 12% es de 0,46 reales, el mismo monto de la suba de impuestos aplicado en julio cuando Pedro Parente, presidente de Petrobras, comenzó el alza del precio del petróleo para sanear la petrolera brasileña y avanzar en la convergencia con los precios internacionales.

De hecho, los trabajadores de Petrobras responsabilizan a Parente por la crisis del gasoil y por eso convocaron a una huelga por 72 horas a partir del próximo miércoles, lo que puede sumar más complicaciones al abastecimiento de energía. Quieren su renuncia y una revisión de esta política energética “a lo Aranguren”.

Por eso, la CNI expresó que: “No es hora para movimientos oportunistas. Nuevas paralizaciones, en este momento no son aceptables. Hace falta que cada uno asuma su parte de responsabilidad para superar esta situación. La proioridad debe ser el reabastecimiento inmediato y la aceleración de la discusión sobre los problemas estructurales del país, tales como la revisión del rol de Petrobras, la revisión tributaria, la reevaluación de la matriz de trasporte y la inversión en infraestructura”.

Horas más tarde, este mismo lunes el senado aprobó que la baja impositiva sea tratada de urgencia. El clima de malestar se vuelve insoportable en un contexto en el que Lula sigue encabezando la primera minoría de las preferencias electorales y superando ampliamente la sumatoria de todos los demás candidatos posibles a la presidencia de Brasil.

El costo estimado de la marcha atrás con la suba del gasoil sería de 13.500 millones de reales, según estimaciones brindadas por la prensa brasileña. Y a esto se suma el costo reputacional en los mercados internacionales con los que Brasil tiene un compromiso de ordenamiento fiscal por el elevado peso de sus intereses de deuda.

Cabe aclarar que el conflicto se disparó cuando el gasoil de los camiones alcanzó los 3,788 reales por litro, es decir unos $25,10. En Argentina, actualmente vale $29,28, incluso tras el congelamiento de tarifas y en este sentido suma una luz amarilla más para Aranguren y un problema más para la competitividad del país.

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