La media sanción del Senado al presupuesto de Lifschitz elevó al máximo la tensión

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La media sanción del presupuesto 2020 en el Senado provincial elevó al máximo la transición en la provincia de Santa Fe. No sólo por la oportunidad de la votación –penúltima sesión del cuerpo con esta conformación– sino porque contraría lo que supuestamente estaba acordado que era decidir el destino de fondos y recursos una vez que asumiera la nueva administración. Sucede que la “comisión de transición” duró nada y fue menos efectiva aún. Por un lado Omar Perotti no designó a ni un solo ministro como para que dialogará con su par saliente, sino que desde la Casa Gris tampoco hubo empeño en hacer las cosas más llevaderas, como hubiera sido por ejemplo invitar al gobernador electo a la Casa Gris y dialogar, cosa que no hizo Miguel Lisfchitz. La tortuosa transición tiene culpas compartidas, aunque en diferentes proporciones. “Hasta el 10 de dicembre la responsabilidad es de Lifschitz” dijo Perotti y sus colaboradores lo repitieron cada vez que algún tema –como la continuidad de la cláusula gatillo, para citar un ejemplo– era motivo de consulta. Lifschitz se tomó de eso y pensando en volver aún antes de irse, obró en consecuencia. En el medio, los santafesinos asistiendo a disputas impropias del momento que atraviesa el pais y desde ya la provincia, y un recambio institucional que está lejos de ser lo que se hubiera esperado. En este marco, lo que sucederá en la Cámara de Diputados a mitad de semana puede ser el corolario de una serie de eventos desafortunados.

Con el imprescindible concurso de seis senadores del peronismo, la mayoría los cuales fueron reelectos hace unos meses para cumplir un nuevo mandato entre 2019/2023, lo mismo que Perotti, se aprobó sobre tablas el presupuesto 2020. Más alla de la pertinencia constitucional, raya en el absurdo que un gobernador que está con un pie y medio afuera de la Casa Gris sea el que disponga dónde irá y cómo se manejarán más de 400 mil millones de pesos. Y más absurdo es los Senadores lo aprueben a libro cerrado, casi sin leerlo. No es un atenuante, pero los oficialistas confían en sus funcionarios de hacienda, no es el caso de los “opositores” con el liderazgo de Armando Traferri, que arrió a un quinteto de colegas que terminaron garantizando la mayoría necesaria para la aprobación “express” de la Ley de leyes.

Además de la relación rota con Lifschitz, ahi Perotti tiene otro problema, que hasta el momento no ha podido enderezar ni siquiera con la participación de la vicegobernadora electa, Alejandra Rodenas que de momento –y no podrá ser por mucho tiempo más– se encuentra «entre dos fuegos». Unas horas antes de la sesión en la Legislatura los electos por el Frente de Todos fueron convocados a un encuentro para respaldar a Perotti y consolidar la unidad. Allí lo escucharon, entre otros y desde primera fila, los Senadores que al rato votaron en contra de sus instrucciones y a favor del mensaje de Lifschitz. Las “explicaciones” fueron publicadas y no tiene demasiado sentido volver sobre ellas, como tampoco sumergirse en el análisis profundo de los ítems aprobados, aunque algunos de ellos ayudan a comprender las razones reales por un lado, y por otro la falta de rigor en el análisis de las partidas.

El crecimineto pronosticaddo del 1% del PBI no parece compatible con el 43% de inflacion estimado y con un dólar de 67 pesos, aunque desde el Frente Progresista sostienen que son los parámetros del futuro gobierno encabezado por Alberto Fernández. Del mismo modo que la inclusión de 10 mil millones en concepto de cobro a cuenta de la deuda que tiene el Estado nacional con Santa Fe que supera en 6 o 7 veces ese monto y que a lo largo del gobierno de Lifschitz no recibió ni un centavo. Hay que decir que la “previsión” encierra un reconocimiento a los que vendrán de virtudes que no han tenido Lifschitz & Co. ya que en cuatro años no consiguió ni un plan de cancelación, ni una promesa y tampoco su reelección.

Desde el gobierno entrante han calificado de “mamarracho inviable” el texto aprobado en el Senado, lo consideran “inejecutable” y marcan por ejemplo que en el rubro “inversión en obra pública” la imputación de 62 mil millones de pesos, literalmente “estrangula” el presupuesto y deja al gobierno sin margen para gastos corrientes.

Si bien estos items –y varios más– son opinables, la cuestión de fondo está basada en que al ser un gobierno de signo diferente el que asume, la lógica política apunta a que deberían ser quienes van a ejecutarlo los que decidan el contenido. Eso es lo que opinan al menos cuatro legisladores del Frente Progresista que no están dispuestos a votar el mensaje que llegará miércoles o jueves del Senado y que tendrá ingreso uno de esos días y tratamiento si se garantiza el quórum. Rubén Giustiniani, Silvia Augsburger, Verónica Benas y Alicia Gutiérrez han dejado trascender que no están de acuerdo en el modo en que se ha llevado adelante el trámite, sin siquiera entrar en los detalles del contenido del presupuesto, que entre otros ítems concede más de mil millones de pesos para cada Cámara de disponibilidad para el presidente de dipuados y para la comisión de gestión –que está en manos de Traferri– en el Senado, como se adelantó en esta columna la semana pasada. A esos cuatro legisladores podría sumarse algún otro, si bien Eduardo Di Pollina no ha adelantado opinión, es sabido su enfrentamiento con Lifschitz y podría no ser el único “orgánico” del socialismo que tampoco acompañe. Además, en el bloque oficialista hay un grupo de legisladores de la UCR, entre ellos Alejandro Boscarol, Jorge Henn –que aspira a ser Defensor del Publo– Santiago Mascheroni, y el demoprogresista Gabriel Real. Ninguno de ellos se ha manifestado y podría ser que alguno se sume a los cuatro mencionados anterioremente. Un capítulo aparte será la posición que adopte Ariel Bermúdez, diputado que responde a Pablo Javkin.

Desde el PRO, el presidente del bloque y jefe partiario Federico Angelini adelantó a este cronista que “venimos analizando el presupuesto desde que accedimos a los borradores y tenemos algunas disidencias en particular, pero no hemos definido la cuestión en el bloque. Lo haremos en la semana, pero el que tiene que garantizar el quórum es el oficialismo” se despegó quien en 20 días asumirá como diputado nacional.

En la bancada peronista, que se sepa, no hay “traferrismo” y se asegura que ningún diputado “sacará los pies del plato”.

Habrá que esperar hasta el viernes, entonces, para saber no sólo si se aprobará el presupuesto, sino para tener la ratificación del viejo proberbio que sostiene que “quien mal anda, mal acaba”.

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